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{noviembre 12, 2010}   Sesion 28 , Grupo de oración ” A mi me lo hicisteis”

Dios y la hormiga

 

 

Era una noche negra, sin luna.

Sobre una piedra negra, caminaba despacio una hormiguita negra… y Dios la miraba sonriendo, porque estaba oscuro y la pobre hormiguita avanzaba despacio orientándose con sus antenas para buscar el camino a su hormiguero.

 

“¡Hormiguita!”  – Llamó Dios con suavidad – “¡hormiguita, ..aquí! – repitió un poco más alto al ver que la hormiguita se desorientaba más aún, asustada al oír que la llamaban.

 

Como ella no veía nada, se acercó, la cogió delicadamente con un dedo y la puso a la altura de sus ojos. La hormiguita, entre sorprendida y asustada supo enseguida quien era por su modo cariñoso de cogerla.

 

“¡Señor!” –dijo –“¿quieres algo de mí?”

Dios contestó sonriendo: “Las hormigas sabéis mucho de construcciones. Hacéis túneles y hormigueros muy complicados y muy bien organizados. Sabéis qué tierra es lo suficientemente blanda para excavar pero lo suficientemente dura para que no se desmoronen los túneles. Sois muy listas”

La hormiguita se sintió muy orgullosa de su capacidad, pero estaba un poco nerviosa por lo que Dios pudiera pedirle. Aún así, pensó que Dios no  le pediría algo que no pudiera hacer así que confiada le contestó:

“Tú nos hiciste así, no es mérito nuestro sino tuyo. Sólo hacemos lo que nos enseñaste a hacer” – Y volvió a preguntar: “¿quieres algo de mí?

 

Y por fin Dios hizo su petición: “Necesito que construyas un edificio muy alto, como una catedral de alto… y muy ancho, como una catedral de ancho”

“Pero….” -Intentó replicar la hormiga

“No te preocupes” – dijo Dios sin que terminase de hablar – “Tú sabrás cómo hacerlo”

 

Y diciendo eso, la dejó nuevamente sobre una piedra, debajo de la cual estaba el hormiguero donde vivía.

La hormiguita volvió corriendo a su casa. Estaba asustadísima por el encargo… si cualquier otro se lo hubiese pedido, le hubiera dicho que estaba loco… pero fue Dios mismo el que se lo pidió… ¡y se supone que Dios tiene sus razones para pedir las cosas!…pero ¿¿¿¿un edificio????… ¿y qué ocurriría si no podía hacerlo? Era lo más probable… al fin y al cabo era una simple hormiga y aunque toda la colonia le ayudase, no lo terminarían en toda una vida….

Mientras pensaba todo esto con la cabeza en ebullición, llegó donde estaban sus compañeras y les contó lo sucedido. Pensó que al menos, pediría ayuda para una obra tan grande. Pero sus compañeras, lejos de ayudarle, se burlaron de ella.

“¿estás loca?, ¿un edificio?” – decían – “seguro que te has quedado dormida allí afuera y lo has soñado”- decían otras… – “siempre ha tenido mucha imaginación” – susurraba una, y otra le respondía – “yo creo que sólo quiere darse importancia”… algunas, le miraban calladas, sin atreverse a decir que estaban dispuestas a ayudar, pues tal era el revuelo que se había formado, que les entró miedo de que las tomaran también por locas.

Y así, entre unas y otras, incluso a ella le hicieron dudar de que lo ocurrido hubiese sido real. Decidió irse a dormir con la esperanza de que al día siguiente, todo hubiese sido un mal sueño.

Pasó la noche inquieta. Soñó con hermosos edificios que llegaban tan alto que casi tocaban el cielo y con Dios que sonreía al verlos. Cuando amaneció, salió decidida a empezar el encargo, aunque nadie quisiera ayudarla.

 

La hormiguita trabajaba incansable de sol a sol. Eligió una buena tierra, y empezó a excavar los cimientos de la casa. Comenzó a retirar piedrecitas y a hacer agujeros en la tierra. Mientras cavaba, se preguntaba cómo haría para rellenarlos y hacer la estructura, pero como este pensamiento la agobiaba, decidió prestar atención al trabajo de excavar y cuando llegase el momento, ya se preocuparía del problema.

Pasaron días y meses…. La hormiguita trabajaba infatigablemente. Algunas compañeras, a veces, le ayudaban o le daban comida, porque aunque no creían lo que la hormiguita les decía sobre el encargo de Dios… al fin y al cabo, las hormigas se apoyan y se protegen.

Pasaron varios años… y la hormiguita estaba muy cansada. Había envejecido y sus patitas ya no eran tan rápidas como antes, le dolía la espalda y no veía demasiado bien.

Un día, Dios llegó de nuevo y la volvió a coger suavemente con su dedo.

La hormiguita, un poco avergonzada, le dijo: “Señor, es demasiado pronto, aún no he terminado” – El Señor contempló el trabajo. Había una pequeña zanja de un metro de largo y unos dos centímetros de profundidad… a penas una raya en el suelo. Al verla, Dios le dedicó a la hormiga la más cálida de sus sonrisas.

– “Has trabajado mucho y bien hormiguita. Estoy muy contento y te doy las gracias. Ahora, descansa, que yo me encargo del resto”

 

 

 

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